lunes, 24 de octubre de 2011

Mientras no cambiemos el corazón de los terroristas podremos tener sus armas, pero no habrá paz

Acabada la feria de San Lucas, en breve tenemos el puente de los Santos, un poco más adelante el macropuente de la Inmaculada y luego las vacaciones de Navidad...trabajando pocos y poco tiempo avanzaremos malamente.

 No obstante, la actualidad sigue marcada por el anuncio del cese definitivo de la violencia de ETA. Que ETA deje de matar me provoca inmensa alegría, independientemente de quién se apunte la victoria, que ahora toque negociaciones, acercamientos, de objetivos electorales...es una gran noticia que ya no haya personas que caminen con el pellizco de saber que en cualquier momento su última sensación podía ser un frío metal en la nuca.

Pero mi reflexión va en otra dirección. Mi pleno reconocimiento y agradecimiento a los familiares y amigos de los asesinados por ETA, porque en ningún momento han acudido al camino fácil de la venganza. Un ejemplo para toda la sociedad el que aquellos padres a los que han asesinado a sus hijos, o aquellos hijos a los que han asesinado a sus padres, muchos de los cuales también son miembros de las fuerzas de seguridad del estado, y tienen una pistola en el cajón de la mesilla de noche, no hayan caído en tomarse la justicia por su mano en un momento de dolor, a pesar de los innumerables actos de humillación pública que han recibido en mítines, ruedas de prensa, manifestaciones, etc.

Muchos años, muchas víctimas, muchas situaciones y todos han sabido controlar sus más bajos instintos. Gracias por vuestro ejemplo. Y mirando adelante, no sólo cabe esperar que los terroristas pidan un sincero y arrepentido perdón, esta sociedad herida tiene un próximo e inexcusable objetivo, un ineludible siguiente escalón de este proceso: cambiar el corazón de los terroristas.

 Mientras no cambiemos el corazón de los terroristas, bajo el admirable ejemplo de las víctimas, aunque tengamos las armas no tendremos la paz