lunes, 12 de diciembre de 2011

El que comienza bien está en la mitad del todo (Pitágoras)

Cuando uno es docente sabe que al principio de cada curso, cuando tiene clases con un grupo nuevo de alumnos, los primeros días son decisivos. Siempre hay grupitos de estudiantes que susurran en clase, otros hablan a destiempo, alguno hace una broma, otro aparece mascando chicle, hay alumnos que llegan tarde a clase, se levantan o tuitean con el móvil. En esos primeros días, el profesor va a marcar lo que deben ser las normas de comportamiento que él admite en sus clases, y ante ese pulso diario con los alumnos deberá llamar la atención al que susurra, al que habla o al que come chicle, o a los tres, de manera que los alumnos van probando a cada uno de sus profesores si con uno no pueden entrar una vez que él ha llegado y ha cerrado la puerta, o pueden llegar tarde sin hacer ruido, si con otro pueden estas hablando bajito toda la clase, si el móvil no pueden ni tenerlo en la mesa... Una vez marcadas las normas el alumno las cumple sin problemas, y el mismo grupo mantiene un silencio sepulcral con uno, y con el siguiente se comporta de manera mucho más distendida.

Esta misma situación es la que se va a encontrar Mariano Rajoy cuando comience esta “licenciatura” de presidente. Desde el primer día le van a echar un pulso, van a ir viendo hasta donde les permite comportarse, y si deja que se le suban a las barbas (y no me refiero al sentido literal de la frase). Estarán los nacionalistas que querrán que se les oiga, los sindicalistas que si no les haces caso irán a la calle a protestar, los compañeros europeos probarán si nos pueden mirar de tú a tú o por encima del hombro,
los vecinos fronterizos de abajo probar si pueden venir a por "peregil", los ciudadanos querrán encender un cigarrillo donde antes no podían, y así con los Estadounidenses, autónomos, hispanoamericanos, funcionarios, pensionistas, o sea, como en clase, completa heterogeneidad....y serán los primeros meses en los que además de llevar bien preparadas sus lecciones, deberá estar constantemente marcando cómo va a ser la relación con cada uno, qué les va a dar y qué les va a exigir, de manera que si tiene un sólo momento de debilidad hará que alguno considere que puede llegar donde no debe, y si no lo corta antes tendrá que, en un momento dado gritarle un “¿porqué no te callas?”.

Ya decía Pitágoras que “el que comienza bien está en la mitad del todo”.