lunes, 4 de junio de 2012

La picaresca española frente al civismo europeo, ¿no medirá eso la prima de riesgo?

El pícaro español siempre ha sido un personaje mirado con buenos ojos, y ante sus artimañas para obtener el mayor beneficio propio con la ley del mínimo esfuerzo apelamos al “si yo pudiera también lo habría hecho ”. Y es que en nuestro código genético siempre han despertado más simpatía los respectivos Lazarillo de Tormes que los ciegos oculares o de perspicacia.

Y esta picaresca, que nos hace disfrutar de música o películas sin pagar, o de la wifi del vecino, y para colmo jactarnos en reuniones de amigos, siendo interrogados para reproducir nuestro comportamiento, más se nota cuando uno sale de estas fronteras.

He tenido la oportunidad de realizar estancias de trabajo en el norte y centro de Europa; puestos de periódico donde se abría la tapa, se cogían los ejemplares deseados y se depositaba el dinero correspondiente en una cajita, sin nadie controlando; transporte público sin tornos ni vigilantes; cientos de situaciones cotidianas en las que tristemente me venía el pensamiento a la cabeza “esto en España sería inviable”. Y lo cierto es que sucede en todos los ámbitos, desde las bicicletas en alquiler, al pago de hacienda, de la manera de meter a un hijo en un centro concertado a la de meter a un político en el consejo de administración de un banco… ¿Resultado?, cuando un centroeuropeo colabora contigo: o dejas la picaresca o pierdes su confianza…

Pues pienso que este es el fondo del problema de la Prima de riesgo. Cuando nos hemos metido en un mercado común, las comparaciones odiosas han sacado nuestras virtudes (incluida la de la picaresca). 

La picaresca española frente al civismo europeo…¿no será eso lo que mide la prima de riesgo? y nos han dado con el jarrillo en la boca hasta partirnos los diente, como al pobre Lazarillo. Y es que ya lo decía el gran Gregorio Marañón “ Lo peor del pícaro es que las picardías que inventa son jocosas, caen simpáticas y parecen perdonables.