domingo, 24 de noviembre de 2013

Van a hundir a los Sindicatos

Que los sindicatos son necesarios creo que es algo indiscutible. Como toda organización humana, tienen tantos defectos como los tenemos todos y son mejorables. Pero no sólo son necesarios, sino que, como decía Juan Pablo II en su Carta Encíclica Laborem Exercens “son un elemento indispensable de la vida social”. 

Y siendo indispensables, ¡cuánto más en estos momentos duros para los trabajadores y las clases más desfavorecidas!. Por tanto quiero aprovechar esta columna para lanzar un grito de auxilio por los Sindicatos, y es que en estos momentos a los Sindicatos...¡se los quieren cargar!, sí, sí, y no sólo “se quieren cargar a los sindicatos, sino que se los están cargando”...pero tampoco soy yo quien lo dice. El problema es que estando de acuerdo con quien trata de virilizar esta frase, no los culpables a los que acusan.

Se quieren cargar los sindicatos, y se los están cargando, los que se aprovechan de su condición de líderes sindicales de cualquier nivel  para ser alguien en una sociedad en la que por méritos propios de trabajo o capacidad no lo serían. Y utilizan el sindicato en beneficio propio.

Se quieren cargar, y se están cargando los sindicatos los que bajo siglas históricas se enriquecen, a costa de los trabajadores más desfavorecidos y de los parados, en lugar de luchar por sus derechos.

Se quieren cargar y se están cargando los sindicatos los que tratan de tapar a compañeros que delinquen, bajo el manto de un falso compañerismo, que está manchando al resto de los sindicalistas coherentes con los principios que representan.

Y principalmente, se están cargando los sindicatos, los que prefieren que caiga el Sindicato a asumir responsabilidades personales, aquellos que, pillados en la corrupción y acusados de la misma, no les da vergüenza asegurar que destapar sus trapos sucios es un ataque al sindicalismo, al más estilo absolutista del Rey Sol, pensando “el Sindicato soy Yo”. 

No señores, hay que diferenciar,  sinvergüenzas sean o no sindicalistas, y un ataque a éstos no lo es al sindicalismo (como no lo es a Cataluña, a la justicia o a la democracia destapar a corruptos independentistas, jueces o gobernantes).

Un representante sindical no puede ser “madera de vividores, no puede ser madera de hombres que engañan a los 
suyos; por el contrario, lo es de hombres incorruptibles, de hombres que han de dar a los suyos ejemplo de cómo 
han de cumplir en la lucha”, y eso no lo digo yo, son palabras de Pablo Iglesias recogidas en el código ético de la UGT.

Desde aquí todo mi apoyo a los sindicalistas de convicción, a los que creen en los trabajadores, a los que dedican sus horas al bien común, les animo a que destapen, expulsen y vilipendien a aquellos déspotas que creen que o ellos o nadie. 


Si quieren hundir los sindicatos sólo está en manos de los de dentro tapar las vías de agua, y tirar los lastres que han traicionado la confianza de los afiliados